lunes, 21 de enero de 2013

La túnica

¿Sentiste alguna vez que Dios te habló y te mostró cosas grandes que ibas a alcanzar, y que te morías de ganas de salir a contarlo por todos lados y que todos sepan lo que vos sabías?
Bueno, lo mismo le pasó a José.

El capítulo 37 de Génesis comienza a contar la historia de José, el hijo preferido de Jacob.
Ya ser un hijo preferido entre 11 hermanos debe ser complicado. Más todavía cuando a ése hijo Dios le muestra cosas como las que le mostró a José.
Él había tenido algunos sueños en los que Dios le mostró lo que le esperaba para el futuro, pero lo que José no había entendido es que cuando Dios te muestra algo, es porque tiene un tiempo de cumplimiento, no es para ya.

Y eso es justamente lo que quiero que tengas siempre presente. Dios no se cansará de mostrarnos cosas, y hacernos saber cuáles son sus sueños para nosotros. Pero en el camino tenemos un trayecto largo de aprendizaje y formación. Los sueños no son para ya.

¿Sabés qué le pasó a José? Cuando le contó a sus hermanos lo que había soñado, lo menospreciaron, lo maltrataron y lo subestimaron.
Seguramente alguna vez le contaste a alguien algo que Dios te había dicho, y te trataron de loco, te miraron mal...
Es que a veces es necesario guardar los secretos que Dios te da. Por lo general no es el momento en que tienes que hablar. Lo que Dios te da en secreto, no lo hagas público.

A José por haber hablado sus hermanos intentaron matarlo, y terminaron vendiéndolo como esclavo.
Porque no era el momento de compartir su sueño, ni él estaba preparado para hablar de ello.


Lo que Dios te habló en secreto, no lo hagas público, no al menos hasta que no sea el momento correcto.

Después de todo, cuando Dios te habla, a veces ni nosotros mismos lo creemos...