viernes, 11 de enero de 2013

El reloj irrompible

¿Alguna vez creíste que la vida que siempre soñaste se te había escapado?
¿En algún momento se te ocurrió pensar que todo lo que Dios prometió pasó de largo y ya no lo ibas a poder alcanzar?

Dios le había prometido a Abraham un hijo, y todavía no lo tenía, porque su esposa era estéril.
Hasta acá todo 'normal'.
Había pasado el tiempo, y el hijo todavía no venía.
Dios se le volvió a presentar a Abraham, y le volvió a decir que iba a tener un hijo (persistente éste Dios). Hasta acá todavía sigue todo normal, pero...
¿Sabés cuántos años tenía Abraham en ese momento en que Dios le volvió a prometer a su hijo?
Noventa y nueve; sí, 99 años.

A ver; Dios le había prometido a Abraham un hijo, y se lo volvió a prometer ¡Cuando tenía 99 años!
¡Y encima su esposa Sara era estéril!
Abraham sabía que no había nada imposible para Dios, y creía firmemente en el poder de Dios.
Abraham no dudaba de lo que Dios le había dicho.
El problema era que seguían pasando los años, y ese hijo no venía...

¿Alguna vez sentiste como si Dios se hubiera olvidado de vos? ¿Como si Dios se hubiera olvidado de lo que te prometió?
Así se sentía Abraham. Así me sentí yo un montón de veces. Y así debes sentirte o te debes haber sentido en algún momento de tu vida... ¿No es cierto?
No dudamos del poder de Dios, y creemos firmemente en que Él tiene el poder para cumplir sus promesas.
Pero empezamos a desistir cuando vemos el tiempo pasar y no vemos que nada sucede.

¿Te puedo terminar de contar la historia?
Bien. El tiempo siguió pasando, Dios se lo volvió a prometer a Abraham y se fué. Y Abraham y Sara siguieron normalmente con sus vidas. El tiempo pasó, hasta que Génesis 21 nos cuenta ésto:
"Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.
Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho."
Génesis 21:1-2
¿Leíste bien? ..."en el tiempo que Dios le había dicho"...



Dios ha diseñado y ha trazado un plan especial para tu vida; los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros. Y Él sí que sabe manejar los tiempos.

El reloj de Dios nunca se rompe, nunca se atrasa, nunca deja de funcionar.
Y si Dios te lo prometió, en el tiempo que Él dispuso que suceda, sucederá.